23.6.06

23 de junio noche mágica

Aquí estoy ahora tecleando esto contenta y tarareando:
“ Al garrotiiiin al garrotaaaan, y a la veera veera veeeeeraaa deee San Juuaaaaannnn”
Tengo que reconocer que no lo hago nada mal. Y me alegro más el alma.
Estoy sorprendida. Vengo de ver una función en el Conservatorio de Música y Danza.
A media tarde después de ducharme y embadurnarme de cremas varias, he cogido a mis hijos y me he ido a ver bailar a los alumnos de grado medio de Danza española.
Cualquier habitáculo con escenario me llama desde la distancia. Son para mí cantos de sirenas a los que sucumbo muy fácil. Entrar en ellos y bajar la silla me hace respirar profundamente, mirar hacia el techo y cerrar los ojos unos segundos en cuanto se apagan las luces. Se me ponen en marcha todos los sentidos.
Sesión de Música y Danza. Todo ha empezado con bailes populares mallorquines y aragoneses, seguido de algo más clásico. La vida ante los ojos hecha música y movimiento. Después de la danza del fuego ha llegado una pequeña pausa. Ha sido breve y no han encendido las luces, así que he vuelto a cerrar los ojos, a levantar la cara hacia el techo y he vuelto a respirar hondo.
Al momento han salido a escena un cantaor, un guitarrista, un percusionista con un cajón, un violinista y alguien más llevaba una flauta travesera entre las manos. Todo se ha vuelto a poner en marcha, pero esta vez por alegrías y verdiales. Zapateados a coro sobre las tablas hacían que mi corazón siguiera ese ritmo y se me iban los pies. No he podido contenerme. Me ha conmovido irremediablemente, y me he puesto a llorar “a moco tendido”. Me ha resultado inevitable, porque no me ha dado la gana de evitarlo. Pero estoy sorprendida de cómo la música y la expresión corporal me ha perturbado la nostalgia y la identidad confundidas en la rutina.
Es una noche mágica, así que me voy a la playa y seguiré tarareando:
“ Al garrotiiiin al garrotaaaan, y a la veera veera veeeeeraaa deee San Juuaaaaannnn”

20.6.06

Utilizar el mundial...

No me gustan demasiado las banderas, tal vez porque me arrastran a algún lado negativo. Pero en momentos como estos me renace el optimismo.
Una bandera no es más que un trozo de tela con unos colores que representan a una comunidad. Me atrae pensar que se construye como un símbolo liviano. Una agradable expresión. Y una fiesta es el mejor momento en el que agitarla para comunicarnos. Me parece que la vestimenta de los chicos del equipo español de futbol es el mejor uniforme. Y que un buen arma para defender nuestro territorio como grupo es un balón o una raqueta, por ejemplo. Y las banderas algo más del momento. Una señal de humo. Un diálogo festivo.
No entiendo ni una papa de fútbol, pero he sabido que cada cuatro años se celebra en un continente diferente. El anterior fue en Corea. En Asia. Ahora lo estamos viendo llegar por vía satélite desde Alemania, Europa. Se me ha ocurrido que el próximo podría ser en África, y aprovechar el hecho para prepararles instalaciones deportivas y ayudarlos a mejorar. El deporte al servicio de la humanidad. Entonces sí que hasta besaré cualquier bandera.